Que para Ramos Sucre la persecución de posesos y hechizados no es sólo un asunto de ortodoxia o fanatismo, sino también la disimulada inculpación ritual de los más débiles o diferentes para que carguen con transgresiones y sufrimientos ajenos, lo prueba el que las víctimas sacrificiales, el cabrío emisario y el ave, no sólo anticipan el hostigado destino de posesos y hechizados: el paralelismo entre la primera y última sección de “El disidente” las aproxima a San Francisco de Sales, el fervoroso obispo católico evangelizador de Ginebra y su diócesis en los inseguros tiempos del calvinismo: Francisco aleja al demonio con invectivas; el yo poético despista a un poder asombradizo con la inversión de un ritual hebreo. Evidentemente Ramos Sucre postula una semejanza entre el hechicero perseguido y el santo, pero quizá esta tenga menos o no tanto de provocación como de reflexión; quisiera demostrar que la clave de ella está en uno de los alarmantes momentos de la vida de Francisco de Sales.
Éste fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1877, pero antes, en 1595, debió rechazar otro título: el de hechicero. El abad Joseph-Marie Lavanchy, en su Histoire du diocèse de Genève, refiere que en 1595 “il se trouva un méchant huguenot qui affirma, par serment public, qu’il avait vu François au sabbat et dan les assemblées nocturnes des sorciers. Le bruit en courut tellement parmi le peuple, qu’on ne parlait que de tuer et de brûler le saint Apôtre”. La fulminante imputación da aún mayor densidad al primer paralelismo del quiasmo en “El disidente” : el defensor de la ortodoxia debió escapar de morir en la hoguera acusado de participar en misas sabáticas y en reuniones de hechiceras. Por una reversión de atributos característica del quiasmo —de defensor a acusado, de santo a hereje—, San Francisco de Sales se convierte así en otro antitipo o cumplimiento del cabrío emisario, en otro chivo expiatorio.
La acusación establece, por otra parte, una irónica conexión entre Francisco de Sales y Jean Bodin: la Démonomanie del último pudo muy bien haber sido invocada para condenar al primero. Bodin, sin embargo, no debe verse nada más como un puntilloso inquisidor. Christopher Baxter anota que el prólogo del Malleus Maleficarum (un tratado eclesiástico medieval sobre juicios de hechicería cuyo prólogo es en realidad la bula Summis desiderantes affectibus de Inocencio VIII) sugiere que las acusaciones “se habían extendido en áreas de extremas dificultades económicas, áreas de excepcionalmente alta mortalidad infantil, enfermedades y hambre”; y añade que la Démonomanie presenta “un cuadro muy similar. La mayoría de las acusaciones de brujería que refiere parecen motivadas por muertes y enfermedades, particularmente de niños”. Según Baxter, Bodin pudo ser así el primero que relacionó el incremento de los juicios de hechicería con la falta de caridad cristiana y con la explosiva inflación en la Francia de finales del siglo XVI.
Esta diferente perspectiva sobre Bodin indica que es necesaria una profunda revisión de la opinión sobre Ramos Sucre como un poeta cuya preocupación por la forma y por los escenarios crueles y lejanos expresa cierto nihilismo o relativismo, una afectación, extravagancia o desequilibrio morboso. Su requisa de los anales del exterminio puede verse, por el contrario, como un medio de explorar nuestra tendencia a la devastación, persecución y tortura en tiempos de crisis. Sus alusiones rituales son entonces instrumentos en el examen de la economía sacrificial, el examen de la economía de sustitución y transferencia de culpas que rige invisiblemente el manejo de la disidencia y la transgresión y, de manera general, las formas de control de la violencia y el descontento social.
La alusión al cabrío emisario y al ave del leproso muestra, por consiguiente, el nexo o continuidad que Ramos Sucre sospecha entre los antiguos rituales sacrificiales y las formas de control social empleadas en la crisis política, cultural e ideológica que caracterizó el fin de la Edad Media. En otras palabras, el poeta adivina o postula analogías o equivalencias entre sangres derramadas en un altar o en un patíbulo, entre carnes totalmente consumidas por el fuego religioso o político, y entre culpas asignadas, ya sea por sacerdotes o jueces seculares. Las víctimas de los sacrificios de Levítico aluden al carácter ritual y expiatorio de la persecución, sufrimiento y muerte de los perseguidos y condenados medievales. Las acusaciones sobre hechiceros y santos sugieren que en las crisis que entrevió Bodin se eliminan las diferencias entre lo sagrado y lo profano, entre ortodoxia y heterodoxia, entre fieles y herejes, entre perseguidos y perseguidores, entre nobles y plebeyos, y que cualquiera en desventaja puede ser lastrado con infortunios y transgresiones para facilitar el ajuste de cuentas purificador de la comunidad. “Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos á tierra inhabitada” (Lev. 16:22).
Esta lectura de las alusiones sacrificiales y la composición quiasmática concuerda con la opinión de Guillermo Sucre, para quien “las alusiones culturales en Ramos Sucre . . . son metáforas que conducen a otra forma de saber”; interpretadas así, las alusiones a rituales de expulsión y purificación se justifican de otra manera: ellas son herramientas de la exploración poética y estética de la historia como escenario de conflictos sociales y culturales, no alardes de erudito vanidoso o inseguro. Por consiguiente, estamos autorizados a considerar esa exploración del control de la disidencia en el siglo XVI como la manera sutil, difícil y profunda que tuvo Ramos Sucre de aproximarse al problema de las sociedades menos distantes y más recientes, por ejemplo la Venezuela de principios del siglo XX bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez, que heredan y exhiben las características y los síntomas de previas economías sacrificiales. Una manera sólo posible a los, de acuerdo con Ramos Sucre, “poetas comunicativos, de apostolado y de combate, bardos de aliento profético y simpatía ardorosa que ejercen una función nacional o humanitaria”.
* Notas relacionadas: Censura poética | Ramos Sucre hoy | El efecto del cabrío para Azazel | Caper emissarius: el macho cabrío para Azazel.


