El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (ii) - Gustavo Luis Carrera

II. Con propósitos directos de aproximación a los fundamentos de la poesía de José Antonio Ramos Sucre, destacaremos, como lo hace Tzvetan Todorov en el capítulo “La crisis romántica” de su texto Teorías del símbolo, que si en la estética romántica puede hablarse de una piedra de toque, esa función corresponde al símbolo. En tal sentido, cabe afirmar que toda la estética romántica viene a ser una teoría semiótica, fundada en lo que es la proclamación de la época: el sentido intuitivo y la manera positiva del símbolo, a diferencia, sobre todo, del otro gran signo: la alegoría. Dice Todorov: … “para comprender el sentido moderno de la palabra símbolo, es necesario y suficiente releer los textos románticos. En ninguna otra parte el sentido de “símbolo” aparece de manera tan clara como en la oposición entre símbolo y alegoría, oposición inventada por los románticos”. (p. 235). Veamos algunos resultados de su exégesis.

El extraordinario trabajo expositivo y analítico de Todorov, de pleno poder convicente, lleva a comprender cómo los supuestos estéticos básicos del romanticismo se condensan en el símbolo, en una suerte de reiteración compendiada, de presencia del todo en la parte, es decir de representación simbólica, y valga la aparente redundancia, ya que con ella, en todo caso, estaríamos cumpliendo con el concepto romántico del contradictorio círculo hermenéutico: ¿Cómo conocer laparte si ella implica el conocimiento del todo, y viceversa? Situación que conduce, por asimilación, a subrayar el otro gran laberinto de la estética romántica: la poesía es indecible, ya que el arte expresa algo  que no se puede decir de otra manera, que no se puede traducir en palabras; y sin embargo la poesía emplea palabras, que tienen la capacidad de significar y representar. Oposición que se resuelve en consideraciones como la de Kant: la poesía emplea el lenguaje haciéndolo capaz de expresar lo indecible, lo estético; de allí que tenga una sobreabundancia de sentidos. Lo cual puede llevar a señalar que lo indecible provoca un desbordamiento del significante por el significado. Y lo que conduce a Novalis a establecer que “la crítica de la poesía es un sinsentido”, “no se puede hablar propiamente de poesía sino en poesía”. Mientras Todorov, apoyándose en planteamientos de Schelling y de Schlegel, llega a conclusiones diferenciadas: “Como el arte expresa lo indedible, su interpretación es infinita”; “la poesía se define por la pluralidad de lo sentidos” (p. 231). No es prematuro asomar desde ya, que la vía romántica nos adentra en la estética de la contradicción de los opuestos. Pero, prosigamos. Todorov subraya la importancia del gran precursor de la teoría romántica, el alemán Karl Philipp Mortiz (quien precede a Goethe en muchos aspectos), al afirmar que la gran ley del arte es convertir la finalidad externa en la finalidad interna, es decir la fusión de lo “heterotélico” y lo “autotélico”, términos opuestos por definición. Y cuando llega, en consecuencia, al gran principio dinámico, de espíritu dialéctico, destinado a poner el acento más en el devenir que en el ser: el arte es una “fusión de contrarios, la síntesis de los opuestos” (p. 191).

Pues bien, esa fusión y esa síntesis encontrarán la más intensa y efectiva representación en el símbolo. Expresa Todorov en tono concluyente: “Si se acepta que los rasgos principales de la estética romántica pueden reconocerse en las categorías (de)… producción, intransintividad, coherencia, sintetismo, expresión de lo indecible, se admitirá también que la noción de símbolo se opone a la de alegoría a través de una u otra de esas mismas categorías, y por consiguiente que esta noción concentra, ella sola, el conjunto, o al menos los grandes lineamientos de la estética romántica” (p. 259)..

* Notas relacionadas: El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (i) - Gustavo Luis Carrera.

El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (i) - Gustavo Luis Carrera

(Consideraciones a la luz del capítulo “La crisis romántica” del texto Teorías del símbolo, de Tzvetan Todorov.)

Gustavo Luis Carrera

I. En línea directa de captación, junto a las singulares condiciones de riqueza expresiva y de sostenida alta temperatura estética lograda por José Antonio Ramos Sucre en el poema en prosa, sobresale en sus textos la importancia básica del símbolo como sustento anímico e instrumental. No se trata ya del recurso simbólico como parte constitutiva de un modo de creación caracterizado en su producto final. En este sentido, resultaría por demás sencillo el señalamiento directo de tal presencia en la obra del cumanés. Es el caso de una correspondencia totalizadora que va desde la motivación gestadora hasta la obra acabada, abarcando toto el proceso de producción, signado por la pauta que lleva de lo particular a lo general, es decir: el recorrido específico de la esencia del símbolo.

De entrada, cabe destacar una ventajosa circunstancia que, felizmente, puede orientar en toda tentativa de acercamiento conceptual a la obra poética de José Antonio Ramos Sucre: sus propias entregas, dispersas y no pocas veces oblicuas, de autocaracterización espiritual y sensible en función de la escritura. No desdeñaremos, en esta oportunidad, tan generosa concesión de simpatía en aquel irreductible habitante de reinos distantes, siempre en lo alto y siempre a solas.

La peculiar condición de los textos poéticos de Ramos Sucre encuentra su mejor puntualización en el propio autor, cuando, en “La suspirante”, perfila una obra regida por: “sucesos extravagantes, acontecidos en reinos imaginarios y narrados con semblante de parodia”, “pasajes burlescos”, “quimeras de la imaginación”, huida “de este mundo a otro ilusorio”, sin que nadie pueda “averiguar el derrotero” de la fuga. Y termina con este cuadro simbólico: la imaginación “vuela sobre los caminos cegados por la nieve y un búho solitario da la alarma en la noche fascinada por el plenilunio”. No es fácil producir una mejor caracterización descriptiva —la primera— y de signo representativo —la última— de esta poesía difusa, evasiva y enigmática. Naturaleza libre que asume el condicionante de su propia oscuridad expresiva y que se compadece a plenitud con la imagen del propio poeta: el yo enfático, de subjetividad altiva y de distancia guardada; la figura ignota, displicente, fuera del alcance perverso de lo común; la autovisión egocéntrica, misteriosa, a las puertas del mito; el pensamiento inefable que causa rechazo en los destinados a no comprender, y que es señal de la riqueza inagotable del espíritu; la adscripción a la estética de la crueldad extrema, espantable, vista como uno de los sustentos vitales del arte; la confesión de la pasión de la fantasía, fuerza primaria; el signo secreto, impenetrable, del artista y el sentido oculto, imposible, del arte 1. El cuadro de caracterizada sensibilidad romántica se hace evidente, con el invalorable refuerzo del autoperfil. Pero no es todo; en “El sigilado” leemos sobre composiciones líricas que revelan “el dejo y la apatía de la desesperanza, el deseo de una felicidad inaccesible”, y cuyo autor “se compara a un boyero de vida humilde y clandestina, zarandeado y desesperado por la suerte”. ¿Sería excesivo pensar que ese mismo poeta es Ramos Sucre? Como sin duda es el lapidario que dibuja “a golpes de cincel un signo secreto”.. “inventado para despertar en los venideros, porfiados en calar el sentido, un ansia inefable y un descontento sin remedio”. Muestras de evidente correspondencia con actitudes y objetivos muy definidos y manejados dentro de la estética romántica; aspecto en el que no ahondaremos en esta oportunidad, salvo en lo tocante a la figura de Goethe y al tema del símbolo 2.

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1Las citas textuales y las ideas sucesivamente registradas pertenecen a los textos de Ramos Sucre: “La ciudad de las puertas de hierro”, “La alborada”, “El sagitario”, “El hallazgo”, “Bajo la advocación de Saturno”, “Los celos del fantasma” y “El lapidario”.

2De otra parte, no sería la primera vez que se señalaría tal vínculo. Ya Argenis Pérez Huggins ha insistido —en trabajo inédito— en los contactos generales de la poesía de Ramos Sucre con los códigos estéticos del romanticismo alemán y francés, y muy especialmente en lo tocante a la esencia poética del sueño. el original señalamiento de Pérez Huggins, ha ido acompañado del de Osvaldo Larrazábal Henríquez, quien ha revelado —también en trabajo todavía inédito— nexos de la postura estética de Ramos Sucre con la de otros poetas venezolanos (o de éstos con él), sustentados todos por una sensibilidad equiparable y reveladora de identificación con una gran escuela o doctrina.

Memoria del III Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana. Universidad de los Andes. Facultad de Humanidades y Educación. Instituto de Investigaciones Literarias. Mérida, 1978 (edición mimeografiada), Tomo II, pp. 268-282.
Citado de Ramos Sucre ante la crítica. Caracas: Monte Ávila, 1980. págs. 119-201.

* Notas relacionadas: El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (ii) - Gustavo Luis Carrera.

El misterioso sacrificio de Antinoo: la versión de Ramos Sucre

En su relación de la muerte de Antinoo, Dio Cassius emplea la palabra hierourgetheis, quizá insidiosamente: el término designa el sacrificio en que las entrañas de la víctima son examinadas por los sacerdotes; premeditamente o no, ello introduce un elemento siniestro o perverso en la ofrenda humana. La Historia antigua emplea devotum, y así alude a la devotio o sacrificio voluntario en beneficio de Roma o su emperador. Ambos informes aprueban la hipótesis del sacrificio; la segúnda versión fue, sin embargo, la preferida de los antiguos.

Ramos Sucre asume la tesis de la devotio pro principe, pero prefiere la indecisión en cuanto a la naturaleza del ritual. Las líneas

Había perecido cuando ostentaba los atributos e insignias de Apolo. Las palmeras descabelladas presenciaban una vez más el sacrificio del sol…

conectan a Antinoo con Apolo, la divinidad del sol, de las plagas y la curación, del veneno y la cura, de los oráculos y la magia. Apolo también se asocia con la Targelia, el festival ateniense en que se ejecutaba el ritual de los farmakoí, la expulsión o muerte purificatoria de los farmakós, el hombre o los hombres que expiaban, siendo expulsados de la ciudad, las impurezas o transgresiones ajenas. (Fármakos también significa ‘brujo’, ‘mago’ o ‘envenenador’.) El sacrificio del sol es, pues, el sacrificio de aquel que lleva “los atributos e insignias de Apolo”.

Notemos que portar altos atributos e insignias es uno de los requisitos de la devotio. El consúl Decius Mus, en el 340 A.C., se vistió con la toga praetexta, el caput velatum y el cinctus Gabinus, señales destintivas de un oficial con imperium, antes de embestir solitariamente al enemigo; y, en otro celebrado ejemplo, Marcus Curtius vistió su armadura de guerrero antes de lanzarse a la profunda grieta del Foro. La descripción de Ramos Sucre es otra muestra de su erudición clásica, pero sobre todo es una muestra de erudición al servicio de una idea poética: la muerte de Antinoo fue un sacrificio voluntario. Este juicio se sigue necesariamente de postular una devotio, acto que exige el ofrecimiento personal: “Decios (el consúl Decius) qui ad voluntariam mortem…” (Cicerón en su Catón el viejo).

La otra alusión a la devotio aparece al final:

Adriano … descubre una imagen de su pensamiento en la actitud de un gavilán, el mismo del rito indígena, ensañado en aventar las plumas de una víctima.

El verbo “aventar” es un eco del método más afamado del ritual: lanzarse en medio del enemigo, a lo profundo de la tierra o a las aguas. Y, sin embargo, la imagen del gavilán que avienta plumas nos inquieta porque insinúa la búsqueda de las entrañas, la extracción de las vísceras. Quizá Ramos Sucre deja entrever así que la amorosa entrega de Antinoo no fue totalmente comprendida por el emperador. También deja entrever que el misterio de esa entrega aún permanece con nosotros.

* Notas relacionadas: El secreto del Nilo (el texto) | La muerte de Antinoo: chismes antiguos.

La muerte de Antinoo: chismes antiguos

Adriano estaba inconsolable con la pérdida de su favorito en el río cenagoso, entre saurios torpes. Había perecido cuando ostentaba los atributos e insignias de Apolo.

En la última semana de octubre, probablemente del año 130, el amado Antinoo, en palabras del emperador Adriano, “cayó al Nilo”. La Historia Augusta, ese venerable acopio de rumores maldicientes, agrega:

Él perdió a su Antinoo mientras navegaba por el Nilo, y lloró por él como una mujer. En relación a ésto, hay varias opiniones: algunos afirman que se sacrificó a sí mismo por Adriano, otros que fue asesinado tanto por su belleza como la excesiva sensualidad de Adriano…

También está la relación de Dio Cassius, no menos murmuradora que la anterior:

Antinoo murió o bien porque cayó al Nilo, como Adriano escribe, o bien, como en verdad ocurrió, al ser ofrecido en sacrificio. Porque Adriano… era siempre muy curioso y empleaba adivinaciones y hechizos de todo tipo. Coherentemente, honró a Antínoo ya sea a causa de su amor por él o sea porque el joven había voluntariamente decidido morir por el emperador (era necesario que una vida se entregara libremente para el cumplimiento de los fines que Adriano tenía previstos).

La Historia Antigua explica con benevolencia la decisión del joven amante al tiempo que empaña las razones del emperador:

Otros ven sus motivos como píos y religiosos: ya que Adriano deseaba prolongar su vida por cualquier medio, los magos sugirieron que alguien debería morir voluntariamente en su lugar; todos se rehusaron. Sólo Antínoo se ofreció por sí mismo: por eso todos los homenajes rendidos a su memoria.

Estos informes compendian las especulaciones sobre uno de los más afamados escándalos amorosos y políticos de la Antigüedad. Éstas son, esencialmente, las fuentes de Ramos Sucre, como se colige de la tercera estrofa de “El secreto del Nilo“:

Adriano había seguido las inspiraciones de una curiosidad impía y las enseñanzas de una crítica presumida, al visitar osadamente el país de los mitos sabios, espectador inmóvil del misterio.

El poeta, sin embargo, es más indirecto en su presentación de la hipótesis del sacrificio de Antínoo. Pero esto es tema de otra nota.

* Notas relacionadas: El secreto del Nilo (el texto).

El secreto del Nilo (el texto)

“El secreto del Nilo” es uno de los pocos textos de Ramos Sucre, sino el único, que alude a una relación homosexual: la del emperador Adriano y su protegido Antinoo. Curiosamente, no ha sido examinado por quienes hablan de la misoginia o de la “sexualidad atormentada” del poeta. Confieso que el tema me interesa poco, y que mis notas intentan seguir mi conocido hilo sacrificial y sus implicaciones sociales o políticas. No sugiero con esto que la temática sexual no atravesará mis notas, sino que, simplemente, el énfasis no estará en ella. Pero seguramente alguno me recordará que el énfasis es una forma del disimulo.

El secreto del Nilo

Adriano estaba inconsolable con la pérdida de su favorito en el río cenagoso, entre saurios torpes. Había perecido cuando ostentaba los atributos e insignias de Apolo.

Las palmeras descabelladas presenciaban una vez más el sacrificio del sol, anegadas en la penumbra del momento solemne, y una pirámide abrumaba el horizonte de modo inexorable.

Adriano había seguido las inspiraciones de una curiosidad impía y las enseñanzas de una crítica presumida, al visitar osadamente el país de los mitos sabios, espectador inmóvil del misterio.

Adriano se ha reclinado sobre el zócalo de un monumento derruido, en la vecindad del río inagotable, y descubre una imagen de su pensamiento en la actitud de un gavilán, el mismo del rito indígena, ensañado en aventar las plumas de una víctima.

Reginald Shepherd (1963-2008)

Haré aquí una excepción a la temática ramosucreana para honrar la memoria de un poeta norteamericano: Reginald Shepherd, quien murió el pasado 10 de septiembre. El excelente blog de Shepherd queda cerrado, pero no con ello terminan nuestras visitas.


You, Therefore

For Robert Philen

You are like me, you will die too, but not today:
you, incommensurate, therefore the hours shine:
if I say to you “To you I say,” you have not been
set to music, or broadcast live on the ghost
radio, may never be an oil painting or
Old Master’s charcoal sketch: you are
a concordance of person, number, voice,
and place, strawberries spread through your name
as if it were budding shrubs, how you remind me
of some spring, the waters as cool and clear
(late rain clings to your leaves, shaken by light wind),
which is where you occur in grassy moonlight:
and you are a lily, an aster, white trillium
or viburnum, by all rights mine, white star
in the meadow sky, the snow still arriving
from its earthwards journeys, here where there is
no snow (I dreamed the snow was you,
when there was snow), you are my right,
have come to be my night (your body takes on
the dimensions of sleep, the shape of sleep
becomes you): and you fall from the sky
with several flowers, words spill from your mouth
in waves, your lips taste like the sea, salt-sweet (trees
and seas have flown away, I call it
loving you): home is nowhere, therefore you,
a kind of dwell and welcome, song after all,
and free of any eden we can name

Reprinted from Fata Morgana by Reginald Shepherd, published by the University of Pittsburgh Press. Copyright © 2007 by Reginald Shepherd.

Ramos Sucre y la nostalgia heroica II (Juan Calzadilla)

3Nostalgia heroica que se traduce al cabo en evasión y en dignidad solitaria frente a una realidad como siempre pobre en conceptos, carente de grandes vivencias e ideales fecundos y no tan triste como los del poeta que se siente cada vez más solo. Su poesía no será tanto el recuento de su tragedia interior, como la infeliz añoranza de ese tiempo que lo hubiera podido erigir en el ser impoluto y libre de cotidianidad que se ofrenda al destino solitario y aciago. Ramos Sucre encontró en sí mismo el valor necesario para buscar en el suicidio la tabla de salvación de su propio ideal de vida.

En su figura de desterrado encarna al tipo de hombre excepcionalmente incapacitado para aceptar la realidad como tal; excepcionalmente sensible, su obra es el exponente fiel de esas cualidades de nobleza y bondad, desinterés, que sólo el verdadero poeta es capaz de encarnar.

Incomprendido entonces, porque su poesía necesitaba de inteligencias profundamente sensitivas para ser comprendidas en su proyección alada, el destino de Ramos sucre es seguir siendo incomprendido en su obra y, en la misma medida, en su propia vida llena de valor y soledad.

4. Porque lo que justifica sobradamente a Ramos Sucre no es tanto su atrevimiento expresivo, en una época de tanteo y vacilación, como la sinceridad pura de ese lenguaje brillante que emana innatamente, no por otra necesidad que la de expresar la poesía. Cuando escribía esperaba sin embargo, porque creyó asistir a una época cuyo viejo concepto tradicionalista iba a caer en derrumbe por efecto del tiempo. Pleno de conciencia, no escribe para sus contemporáneos, sino para su tiempo. Porque intuía ya la muerte de la tradición retórica a manos de una nueva poesía de la libertad en América: Un rompimiento que hubiera significado una nueva fuente inagotable: Sin embargo esto no sucederá en Sur América, entonces ni ahora. Ramos Sucre sigue solo, en tanto, con unos pocos espectadores que vigilan la marcha del tiempo. El momento de la poesía insurgirá.

La obra poética de Ramos Sucre escasa si restamos de ellas las irregularidades, las monotonías, repeticiones y fallas de perspectiva, debe ser considerada como el primer intento serio realizado en Venezuela para escindir el lenguaje de la poesía, autónomamente, de aquel de la prosa. Sobre este mensaje directo de la sensibilidad del poeta el convencionalismo de nuestra crítica habitual y pedagógica se estrellará sin remedio. Esa obra respira en silencio, por sí misma excluida de las poesías cotidianas.

A 25 años de nosotros, Ramos Sucre recibe el homenaje de la juventud: lo que demuestra que sus libros, para subsistir necesitaron seguir siendo siempre libros de la más auténtica poesía.

El Nacional. Caracas, 6 de noviembre de 1956.

Tomado de Ramos Sucre ante la crítica, pp. 73-74.

* Notas relacionadas: Ángel Rama, Ramos Sucre y el gomecismo | Ramos Sucre y la nostalgia heroica I (Juan Calzadilla).

Ramos Sucre y la nostalgia heroica I (Juan Calzadilla)

1Para quien vive intensamente, unos cuantos años de permanencia sobre la tierra, bastan y sobran. Un húmedo día europeo, el mismo que cumplía cuarenta años de edad, Ramos Sucre va al encuentro de su muerte, como si seguir viviendo hubiera significado para él un caro e insoportable sacrilegio. Vivió Ramos Sucre heroicamente, si se entiende por héroe, no a quien muere en el campo de batalla, sino a quien se enfrenta con su propia angustia de ser hombre. Por demás, la escasa obra de Ramos Sucre nos recrea nuevamente el viejo enigma humano entre pensamiento y existencia, entre acción y contemplación y quien en medio a ese conflicto enorme se debate en silencio no podría ser llamado por otro nombre que el de héroe.

2. En gran parte la poesía constituye un acto de frustración ante la vida. No poder elegir la acción es siempre el destino y la tragedia de toda poesía. Con menos demonio, con menos imaginación, Ramos Sucre hubiera pasado a la posteridad cubierto con la poco halagadora aureola de discreto historiador; cien años antes hubiera podido llegar a ser un héroe de la Independencia, semejante a Bermúdez. Comienza por confundir Historia y Poesía: porque de hecho la historia era para él una manera de reactualizar y revivir en sí mismo un pasado ideal. Pero no siempre el lenguaje de expresión es el idioma de la historia. Ramos Sucre no puede expresarse de otra manera que no sea por medio de una viva imaginación que fantasea a todo trance y que escapa al contacto de lo real. Con el lenguaje, en suma, sólo ha logrado dar libre cauce a sus propias emociones profundas. Para un poeta la vida de la imaginación es más importante que la vida de la historia. Ramos sucre transforma así pues, las cosas de ese acaecer simple de los hechos, en los signos y en los símbolos de su propio deslumbramiento. Quería únicamente encontrarse con los héroes, identificarse con ellos, encarnarlos viviendo sus pasiones y por el acto mismo de imaginarlos. La historia le seduce y esta seducción con el tiempo deviene en convicción de trágica incapacidad no sólo para comprender el pasado, sino también el presente.

La poesía es el camino que media entre la historia y el mito. Las lecturas lo transportan a escenas en donde el misterio finalmente tendrá lugar y la descripción de los ignotos y apartados países donde oscuros y siniestros mitos ocurren, serán su nueva obsesión desde el mismo momento en que descubre la poderosa magia vital que encierra esa rara forma de poesía.

Tomado de Ramos Sucre ante la crítica, pp. 72-73.

* Notas relacionadas: Ángel Rama, Ramos Sucre y el gomecismo.

Ifigenia y Agamenón

Las alusiones sacrificiales en Del ciclo troyano son dos. Ifigenia es la primera y evidente, sobre todo la Ifigenia en Táuride (también conocida como Ifigenia entre los tauros) de Eurípides: llevada con el pretexto de su matrimonio con Aquiles, tarde se le revela su verdadero destino, pero en el momento del sacrificio una cierva la sustituye como víctima. Eurípides atribuye el prodigio a Artemisa: “me pusieron sobre una pira y me iban a matar a espada. Pero Artemis me arrebató, y entregó a los aqueos una cierva en mi lugar”, dice Ifigenia; Ramos Sucre lo atribuye a un ardid de la madre: “Clitemnestra salva a su hija con valiente superchería, y medita años continuos el desquite”. Esta versión, conviene tenerlo presente, socava el motivo que Clitemnestra, en el Agamenón de Esquilo, invoca para justificar su venganza.

La otra alusión es sutil o casi secreta: la muerte de Agamenón. Su carácter sacrificial, en la mencionada obra de Esquilo, ha sido señalado abundantemente por la crítica.

Al respecto, el mejor trabajo sigue siendo el de Froma Zeitlin. Ella destaca, entre otros detalles, que la matanza realizada por el cachorro de león es vista como proteleia, palabra que designa “sacrificios preliminares, pero especialmente los ejecutados antes de una ceremonia matrimonial”. Proteleia es también el término con que Agamenón se refiere a Ifigenia, quien en lugar de ofrecer proteleia pasa a ser sacrificio preliminar de los aqueos.

Al cachorro se le nombra hiereus, el sacerdote que preside el sacrificio del sphageus. Vale recordar que Casandra se refiere a Clitemnestra como la “leona de dos pies”, enlazándola con la parábola del cachorro, y que Ramos Sucre, conocedor del griego, escribe que “Clitemnestra espera en su cubil de leona”. Por último, la reina describe el asesinato con términos rituales: la sangre de Agamenón es una libación, y la tres puñaladas aluden a las tres libaciones que se ofrecían en los banquetes.

Zeitlin examina otras escenas y términos que confirman la visión sacrificial que Esquilo tiene de la muerte de Agamenón. Ellas justifican su hipótesis sobre el motivo de lo que llama sacrificio corrompido: “los hechos violentos de derramamiento de sangre son presentados no como asesinatos, sino como asesinatos con ropajes sacramentales, es decir, como matanzas rituales”.

Cualquier lectura de Del ciclo troyano debe tomar en cuenta estas secreta alusiones. Ellas brindan, por ejemplo, una visión distinta de la conexión que establece Ramos Sucre entre Ifigenia y Polidoro.

* Notas relacionadas: Esquilo y Eurípides en Ramos Sucre | Un remake de Ramos Sucre.

Ángel Rama, Ramos Sucre y el gomecismo

Ángel Rama, en un lapsus crítico, anota que el “acecho fatídico de Clitemnestra” en Del ciclo troyano es de procedencia mitológica; mi nota previa corrige esa inexactitud: la reconstrucción de Ramos Sucre se inspira en el Agamenón de Esquilo. Quiero advertir ahora que esa corrección sólo es posible si seguimos escrupulosamente uno de los principios que guiaron a Rama: leer a Ramos Sucre en relación con su sociedad y su tiempo. Serle fiel a Rama implica profundizar o exceder sus observaciones o juicios. He aquí unos ejemplos.

Rama fue de los primeros en señalar que la temática de la heroicidad en Ramos Sucre es una “nota característica de la época” gomecista. Pudo haber ido más lejos: pudo haber observado que es también característica del siglo XIX venezolano. En dicho análisis le hubiera sido útil el trabajo de Carrera Damas sobre el culto a Bolívar y el tratamiento mítico de héroes y eventos de la Independencia por políticos, historiadores y escritores del siglo XIX, un tratamiento de cuya “derivación mitológica” y “concepción teológica de la historia” hay ecos en Ramos Sucre.

Sobre este punto, Rama notó las afinidades entre el poeta y Laureano Vallenilla Lanz. Pudo ir más lejos, y en apoyo de esa tesis, haber indicado la relación entre los textos de Vallenilla Lanz sobre el papel fundacional de la violencia y la análoga pero más escéptica reflexión de Ramos Sucre en “Ni el derecho ni la fuerza”. (A quien considere realizar dicho análisis, le recomiendo las indispensables páginas de Arturo Sosa sobre Vallenilla Lanz y la violencia.)

Por todo lo anterior, Rama cuestionó los juicios categóricos sobre Ramos Sucre como poeta que evade su tiempo y su sociedad. En ese espíritu pudo haber señalado que a un año de la severa represión del movimiento estudiantil de 1928, Ramos Sucre publicó un texto titulado “El disidente”, cuyo tema es la persecución de hechizados y posesos y su esfuerzo por “despistar los satélites de un poder asombradizo”, que satélite es palabra latina por “guardián de un príncipe” y en francés es el hombre armado que sirve con violencia el despotismo de otro, y que una de las justificaciones del régimen gomecista para someter inflexiblemente el levantamiento estudiantil fue prevenir la difusión de trastornadoras doctrinas políticas. (La reforma constitucional de mayo de 1928 prohibió la propaganda del anarquismo y el comunismo.)

Serle, pues, rigurosamente fieles a Rama, implica profundizarlo o excederlo. Ello implica, por último, desbordar las perspectivas de representación, determinación, expresión o reflexión que rigieron su examen —y nuestro examen— de Ramos Sucre: queda, por ejemplo, ubicar la obra del poeta entre las que forman parte del discurso sobre el gomecismo, o mejor aún, entre las que forman o contribuyen con nuestro discurso sobre el gomecismo. ¿No podrá acaso examinarse su tratamiento de la crueldad y la represión en relación o junto con Las memorias de un venezolano de la decadencia?

Una diferente historia o análisis de Ramos Sucre y el gomecismo, que sea fiel al espíritu de Rama, profundizándolo o excediéndolo, todavía está por escribirse.

* Notas relacionadas: Esquilo y Eurípides en Ramos Sucre | Un remake de Ramos Sucre.